Ahí estaba yo, en plena odisea de limpieza, luchando con el caos de mi cocina. Entre murmullos de ‘debo organizar esto’, y el eterno dilema del paprika en polvo regalo de mi madre (que probablemente nunca usaré), cuando de repente, en el recóndito rincón del armario del fondo de la cocina, ¡sorpresa! Un bote de setas y hongos deshidratados se asomó, como si fuera el Santo Grial de los ingredientes olvidados. ¿Cómo habrá llegado esto aquí? me pregunté, como quien encuentra una zapatilla en su congelador.
¿No te acuerdas? saltó mi compañera de piso, y ahí, como un flashback de película, recordé la historia detrás de ese misterioso bote.
Hace unos tres o cuatro meses, con el estómago gruñendo y la nevera más vacía que el espacio interestelar, decidí arrastrar a mi compi al supermercado en busca de algo que matara el hambre.
Allí fuimos, e ignorando deliberadamente los pasillos de comida precocinada -mi cocina y yo tenemos un pacto de no agresión, que solo yo cumplo – Mis ojos se toparon con un bote de setas y hongos deshidratados. ¡Me encantan! exclamé, aunque, para ser honesta, ¿Que puedo hacer yo con esto?
¿Por qué no haces un guiso con ellas? ¡Es lo que hace mi madre con las verduras! – me sugirió mi compi, con esa fe ciega tan incomprensible para alguien que me ha visto ensuciar el delantal cientos de veces, ¡eso si que es una verdadera amiga!
Pero, ¿las setas son verduras? pregunté, mostrando mi amplio conocimiento botánico.
Venga, me las llevo ¡mañana toca quiso de setas! – decidí, con la determinación de una niña que se lanza a construir una nave espacial con cajas de cartón, creyendo firmemente que llegará a Marte antes de la cena.
Tras ese viaje al pasado digno de una película de bajo presupuesto, solté la bayeta como quien suelta el micrófono después de un discurso épico. ¿Para qué convertirme en esclava de la limpieza y dejar la cocina brillando como si fuera el escenario de un anuncio de lejía, si después de mi proyecto culinario acabaría con la cocina pareciendo la escena de un carnaval, donde ketchup y mostaza serían los confetis en una fiesta desenfrenada de sabores y colores.
Ya era hora de cumplir la promesa de guiso de setas que me hice a mi misma hace unos meses.
¡Se te va la olla! exclamó ella, con una risa contagiosa. Su flashback debía ser algo diferente. Mientras yo revivía un recuerdo al puro estilo ‘Misión Imposible’, lleno de intriga y maniobras arriesgadas en el supermercado, ella seguramente imaginaba una escena de King Kong esquivando sartenes voladoras mientras escala el Empire State con una olla humeante en la mano.
Vale, tienes razón, voy a hacer un guiso con las setas – le dije a mi compi.
¡Exacto! Pero, ¿dónde está la olla nueva? pregunté, con ilusiones de convertirme en una chef de cinco estrellas.
Está a remojo, tratando de recuperarse de tu último ‘reto culinario’ – contestó ella, con una sonrisa que bailaba entre la burla y la complicidad.
Así que, armándome de valor y con el nivel exacto de hambre -porque cuando el estómago ruge, no se toman buenas decisiones-, comencé a reunir los ingredientes como una exploradora en busca del tesoro perdido: cebolla, ajo, paprika en polvo y, por supuesto, las protagonistas, las setas. Mi compi, mitad por apoyo, mitad por evitar la compra de una nueva olla, se quedó ayudándome, supervisando cada uno de mis movimientos con sospechosa atención. Y, ¿saben qué? El guiso salió tan bien que ya estoy planeando una segunda ronda. ¿Os animáis a probar? ¡Contadme en los comentarios vuestras experiencias seteras! ¡Vamos, a cocinar se ha dicho!
Receta
Ingredientes:
- Cebolla (cantidad a gusto)
- Ajo (cantidad a gusto)
- Carne de cerdo, cortada en taquitos
- Vino blanco (un chorrito)
- Sal (al gusto)
- Pimienta negra (al gusto)
- Ajo en polvo (al gusto)
- Cebolla en polvo (al gusto)
- Paprika en polvo (al gusto)
- Agua (suficiente para cubrir la carne)
- Patatas, cortadas en trozos
- Setas variadas deshidratadas
- Maizena (una cucharada, disuelta en agua)
Instrucciones:
- Sofrito de Base:
- Sofríe cebolla y ajo picados en una sartén.
- Preparación de la Carne:
- Añade taquitos de carne de cerdo a la sartén y saltea hasta que estén dorados.
- Vierte un chorrito de vino blanco y cocina a fuego fuerte para evaporar el alcohol.
- Agrega las Especias:
- Condimenta con sal, pimienta negra, ajo en polvo, cebolla en polvo y paprika al gusto.
- Cocción larga de la Carne:
- Añade agua hasta cubrir la carne.
- Deja cocer a fuego lento durante 1,5 horas para ablandar la carne.
- Incorporación de Patatas y Setas:
- Añade patatas cortadas en trozos y setas variadas deshidratadas (previamente remojadas durante 15 minutos).
- Cocina hasta que las patatas estén tiernas.
- Espesado del Guiso:
- Disuelve una cucharada de maizena en un poco de agua y agrégala al guiso.
- Cocina durante 5 minutos más para espesar.
- Reposo:
- Deja reposar el guiso unos 10 minutos antes de servir.
¡Listo! Sigue estos pasos y disfruta de un delicioso guiso con carne, patatas y setas.




